Findmypolitics.com y la biodiversidad humana de las orientaciones políticas
La universalidad del continuo izquierda-derecha es uno de los hechos más notables de nuestra vida política. En toda sociedad humana conocida la orientación de los individuos se distribuye a lo largo de ese eje, y en toda sociedad esa distribución adopta la forma de una campana: muchos individuos en el centro, pocos en los extremos. ¿Por qué diferimos de esta manera? ¿Es esta variación un defecto a corregir, un residuo cultural arbitrario, o una propiedad funcional de toda comunidad humana?
La biodiversidad política puede definirse como la variación natural y persistente de las orientaciones ideológicas entre los individuos de una misma comunidad, distribuida en un continuo izquierda-derecha que reaparece, con distintos grados de centralidad y dispersión, en toda sociedad humana. Afirmar que esa variación constituye biodiversidad, y no mero desacuerdo, implica una tesis exigente: que las distintas orientaciones políticas no son errores unas respecto de otras, sino respuestas alternativas expresadas en los individuos a dilemas que ninguna sociedad puede resolver de una vez y para siempre.
El fundamento de esta tesis se encuentra, de manera ejemplar, en Our Political Nature: The Evolutionary Origins of What Divides Us, del antropólogo evolucionista Avi Tuschman. Su argumento central sostiene que la orientación política es una disposición individual moldeada por la selección natural, heredable en una proporción que supera el cincuenta por ciento, y por tanto comparable en su naturaleza a otros rasgos de personalidad. De ahí que se distribuya en campana de Gauss en cualquier población, con independencia de su cultura. Una dimensionalización profunda de ese continuo muestra, además, que las creencias políticas se organizan en torno a tres grandes ejes, que son a su vez reacciones a tres propiedades universales de toda comunidad: el equilibrio entre tradición y cambio, el equilibrio entre jerarquía e igualitarismo y el equilibrio entre competencia y cooperación.
Lo decisivo del planteamiento de Tuschman es que ninguno de los polos de estos tres ejes resulta funcional en estado puro. Un exceso de endogamia es, en términos reproductivos y de innovación, tan perjudicial como un exceso de exogamia; una igualdad absoluta resulta tan disfuncional como una desigualdad extrema; una cooperación incondicional es tan inviable como una competencia ilimitada. Toda sociedad ha de situarse en algún punto intermedio de los tres ejes, y la variación interna de orientaciones es, precisamente, el mecanismo distribuido que le permite explorar, discutir y reajustar de continuo esa posición.
Una ilustración contemporánea de esta multidimensionalidad es la plataforma findmypolitics.com, desarrollada por Liam Petry y difundida masivamente en las últimas semanas. Su punto de partida es una crítica bien fundada al clásico Political Compass: vigente desde 2001, este último ha sido reprochado durante dos décadas por situar a la mayoría de respondientes en un mismo cuadrante, por la formulación valorativa de muchas de sus preguntas y por reducir toda la política a dos ejes incapaces de distinguir posiciones realmente distintas. Frente a ello, findmypolitics propone una arquitectura más fina: cinco dimensiones independientes —económica, social, libertades civiles, gobernanza y confianza institucional— y diecisiete ideologías nombradas con definiciones de respaldo académico. Particularmente sugerente resulta el eje de confianza institucional, que distingue, por ejemplo, a quien aspira a transformar la sociedad desde las instituciones de quien considera el sistema irreformable, una fractura contemporánea que los esquemas tradicionales no capturaban. Más allá de su valor como ejercicio de autoexploración, la plataforma ilustra una idea sustantiva: que reducir la orientación política a una oposición binaria empobrece tanto la descripción de la realidad como el debate que sobre ella mantenemos.
Conviene, sin embargo, no confundir biodiversidad con polarización. La biodiversidad política es la variación funcional de orientaciones en torno a un núcleo central; la polarización es el desplazamiento de masas significativas hacia los polos, acompañado del vaciamiento del centro y de una creciente hostilidad afectiva entre los extremos. La primera enriquece la deliberación colectiva; la segunda la imposibilita. El problema de nuestras democracias no es que coexistan progresistas, moderados y conservadores —siempre lo han hecho y siempre lo harán—, sino que cada vez con mayor frecuencia se perciben como enemigos existenciales antes que como intérpretes legítimos de un mismo problema social compartido.
Las ciencias de la evolución, el cerebro y la sociedad nos ofrecen así una imagen más realista de nuestra naturaleza política, en la que la diversidad de orientaciones no figura como una avería de las sociedades humanas sino como una de sus propiedades constitutivas. Fuera de las posiciones extremas, arbitrarias o violentas, toda orientación política señala un dilema real de la vida en común y advierte de un riesgo que las demás tienden a ignorar. Reconocer que el adversario custodia una parte del problema que nosotros no vemos no es una concesión sentimental al pluralismo, sino la consecuencia más exigente de tomarnos en serio nuestra propia sociobiología.



Comentarios
Publicar un comentario