domingo, 11 de marzo de 2018

Tres ideas fundamentales en Behave, de Robert Sapolsky

Quería hacer una recensión más sesuda. Pero la estructura de Behave: The Biology of Humans at Our Best and Worst, de Robert Sapolsky, me ha desanimado. Sapolsky, famoso profesor de neurobiología en Stanford, primatólogo y escritor, y célebre por sus estudios sobre los babuinos y el estrés, así como por libros como ¿Por Qué Las Cebras No Tienen úlcera?, despliega en Behave un conjunto de hallazgos relacionados sobre la agresividad, la conducta competitiva y la prosocialidad en los seres humanos. El objetivo de Sapolsky es explicar la biología de la conducta social humana, profundizando en los factores más inmediatos o cercanos a la conducta, como el funcionamiento de los neurotrasmisores o las hormonas, y su relación con factores distales como la crianza infantil o la cultura. 

El libro ha apasionado a lectores de todo el mundo. El recorrido por distintos estudios sobre la conducta humana es apabullante. 


Aunque no comparto la fascinación de muchos de los lectores por Behave, me han parecido relevantes tres ideas tratadas en el primer capítulo del libro. Son tres puntos clave que Sapolsky considera necesarios precisar antes de explorar la biología de la violencia y la agresión, la cooperación y el altruismo:

La primera idea es que no es posible comprender la agresión, la competición, la cooperación y la empatía sin la biología. En la agresión y, en especial, en la conducta agresiva reactiva e instantánea, intervienen procesos biológicos diversos relacionados con el funcionamiento del cerebro humano, las hormonas y los genes. No puedes comprender profundamente la conducta social humana sin tener en cuenta estos procesos (no necesariamente son la causa principal de esta conducta, pero siempre están implicados). Aunque Sapolsky no lo afirma, lo mismo podría decirse de los procesos psicológicos y sociales. 

La segunda idea es que, aunque los procesos biológicos siempre están presentes en cualquier forma de conducta, no puedes confiar sólo en la biología para comprender la conducta humana. El determinismo ambiental, psicológico o social, suele acusar a la investigación en genética o en biología de la conducta de ser determinista. Y viceversa. Y es que todas las disciplinas contienen un punto determinista: identifican y analizan factores causales en su nivel de análisis. La cuestión es que los determinismos, entendidos así, no son excluyentes. Dada la naturaleza sociobiológica evolucionada del ser humano, para comprender de manera profunda la conducta social humana debemos recurrir al conocimiento de los procesos biopsicosociales implicados. Para hacer buena sociología o biología, podemos limitarnos al estudio de los factores sociales o biológicos. Pero para comprender de verdad la conducta social humana, no. 



En tercer lugar, y aquí viene lo más interesante, en realidad no tiene sentido distinguir entre procesos biológicos, psicológicos y sociales, porque todos ellos están entrelazados. Nuestra mente y nuestras disciplinas funcionan creando categorías. Pero la realidad no entiende de categorías. Por poner un ejemplo sencillo: la pobreza extrema (factor social) resulta en peores resultados académicos en los niños, en parte, porque empeora la función cerebral (factor biológico) a través de un mayor estrés y desatención parental (factor psicológico y psico-social) y la malnutrición (factor biológico). En ciertas sociedades, el vínculo pobreza-resultados académicos podría ser atenuado a través de políticas sociales determinadas (factor social), etc. Como especie sociobiológica con una mente y una cultura complejas, la biología siempre actúa de mediador en cualquier forma de conducta social humana. Y el contexto social y la cultura siempre actúan de amplificador o atenuador de una conducta, así como de contexto de la conducta. Lo mismo ocurre con los procesos psicológicos. Por lo tanto, cuando invocas una explicación, sea esta biológica, psicológica o sociológica, en realidad estás invocando todas las demás.

Coincido con Sapolsky en que es problemático cuando los científicos o pensadores creen que el comportamiento humano se puede explicar enteramente desde una única perspectiva. Gran parte de la ciencia social ha cometido esta falacia, así como determinadas formas de ingeniería social. Como afirma Sapolsky, comprender el funcionamiento de la conducta social humana implica reconocer la diversidad de factores relacionados de modo complejo, desde la química del cerebro a las hormonas, las pistas sensoriales, el entorno prenatal, las experiencias tempranas, los genes, la evolución biológica y cultural o las presiones ambientales. Y esto es complicado.

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