sábado, 16 de septiembre de 2017

Sobre Tribu. Vuelta a casa y pertenencia

El deseo de pertenecer a un grupo, de sentirnos conectados a otros seres humanos, está inscrito en nuestro cerebro social. Como afirma la teoría de la autodeterminación, son tres las necesidades que motivan nuestro comportamiento: sentirnos competentes, sentirnos autónomos y sentirnos conectados

La sociedad moderna ha conseguido grandes avances en el grado de autonomía que disfrutan sus individuos. La independencia individual es uno de sus grandes logros. Pero el individualismo se ha traducido en un mayor sentimiento de aislamiento, lo que probablemente ha favorecido el aumento de los casos de depresión. Porque, como afirma Sebastian Junger, la sociedad moderna ha roto los vínculos sociales que siempre han caracterizado la experiencia humana

El libro de Sebastian Junger Tribu. Sobre vuelta a casa y pertenencia es una interesante reflexión sobre las consecuencias del individualismo en nuestra vida mental y social. Junger ha documentado durante años la vida en el interior de las unidades militares del ejército norteamericano y sus efectos sobre la salud mental de los soldados tras su vuelta a casa. En una campaña militar, los soldados comparten su vida con otros 40 soldados día y noche. Su vida depende de los otros. Forman parte de un grupo altamente cohesionado. De modo que cuando los soldados regresan a su país, de modo sorprendente, muchos de ellos desearían volver al frente. No anhelan la guerra. Anhelan la vida tribal, la cohesión del grupo, la protección psicológica, el sentirse parte de algo superior. 


Cuenta Sebastian Junger que, durante la colonización de Norteamérica, cuando los colonizadores europeos eran hechos prisioneros por una tribu indígena, en pocas ocasiones querían volver a su vida anterior. La vida tribal tenía un efecto seductor sobre los blancos. La vida fuera de la tribu era una continua competición anómica. Era un sálvese quien pueda colectivo. Era una lucha despiadada por los recursos. De modo que cuando los colonizadores probaban la vida tribal y eran seducidos por el calor de la tribu, jamás querían volver al frío exterior. 


Junger no utiliza el concepto de tribu en un sentido antropológico preciso. Pero su definición es interesante: el grupo de personas que alimentarías y ayudarías a defender de potenciales enemigos.

La cuestión es que durante la mayor parte de nuestra existencia como especie, nuestra vida mental ha transcurrido en el interior de bandas de menos de 100 individuos, caracterizadas por un elevado grado de cohesión, igualdad y lealtad. La vida en una banda tendría numerosas limitaciones en términos de libertad de decisión y responsabilidad individual, pero ejercía un efecto protector frente al malestar psicológico. Porque la conexión, la cohesión, la igualdad y el sentimiento de lealtad son fundamentales para el bienestar psicológico de los individuos.

Algunas formas sociales de la sociedad moderna tratan de reproducir las circunstancias psico-sociales de las sociedades primitivas. Las comunidades intencionales y religiosas son un ejemplo. Una unidad del ejército es, como muestra Junger, otro buen ejemplo. También las sectas, claro, y los movimientos nacionalistas.

La cohesión y colaboración también se refuerzan cuando se producen catástrofes naturales o sociales. Aquí Junger refiere a la interesante investigación de autores como H.A. Lyons, Charles Fritz y Anthony Oliver-Smith. Los vínculos sociales se refuerzan cuando se produce un desastre natural como un terremoto. Una catástrofe produce una comunidad de sufridores, rompe las barreras psicológicas y sociales entre los individuos, lo que facilita la conexión interpersonal. La investigación es bastante consistente al respecto. Las catástrofes naturales pueden producir un efecto beneficioso en el bienestar de los individuos, mediado por la mayor conexión y cohesión social que precipita la catástrofe. Estamos preparados para sufrir como tribu, pero no tanto para sufrir como individuos.

Recomiendo la lectura de Tribu. No es un libro académico, sino una muy buena reflexión sobre lo que nos hace humanos.

Como afirma Junger, vivimos en una sociedad que está en guerra consigo misma. Si pruebas algo distinto a la sociedad moderna, no quieres volver.

sábado, 13 de mayo de 2017

Por qué la mayoría de sociólogos no piensa (ni pensará) en términos evolucionistas

En un artículo publicado en la revista Sociological Forum en 1990, el profesor de sociología y antropología de la Universidad de Washington Pierre L. van den Berghe, autor de Man in Society: A Biosocial View (1975), escribía un sencillo pero polémico artículo titulado “Why Most Sociologists Don't (and Won't) Think Evolutionarily”. He rescatado el artículo porque contiene ideas que resultan de interés también en la actualidad. 

El diagnóstico de Van den Berghe es claro, y no parece haber cambiado mucho desde la publicación del artículo. La mayoría de sociólogos rechazan o, al menos, ignoran, la relevancia de la teoría evolucionista para el estudio del comportamiento humano y la vida social. No necesariamente ignoran la teoría de la selección natural y sexual, pero sí consideran que no tiene ningún poder explicativo en el la conducta social humana y el funcionamiento de la vida social. 

Según Van den Berghe, esto es debido a diversos motivos generales, compartidos con todas las personas, así como a motivos propios de la disciplina. Entre los motivos generales estarían la incapacidad para aceptar que el ser humano es una especie animal más así como el rechazo a lo que se percibe como una desmitificación del comportamiento humano. La teoría de la evolución nos hace ver que los seres humanos somos, tan solo, una especie más del reino animal. Somos únicos, pero sólo en el sentido en que cualquier especie animal es única. Somos una especie animal con unas características propias, con un cerebro avanzado y una vida social compleja. Pero no somos más que una especie animal. Esto resulta inaceptable para muchas personas.

Pero, según Van den Berghe, la resistencia de la comunidad sociológica al pensamiento biológico es más bien una forma de incompetencia entrenada. La mayoría de profesores de la sociología, nos dice, son militantes y orgullosos ignorantes de la teoría de la evolución. No fue así con los primeros sociólogos como Spencer o Sumner, que al menos no se oponían al pensamiento evolucionista. Pero toda la sociología moderna ignora la biología y la teoría de la evolución. Entre los motivos específicos por los que la teoría de la evolución es negada en la Sociología, el autor refiere a:

  • El dogma del ambientalismo. Nadie duda que los factores ambientales influyen en la conducta humana. Pero el empeño en la oposición naturaleza vs crianza, en vez de reconocer la interacción entre ambas dimensiones de la conducta humana, limita la capacidad de Sociología para reconocer el papel de las disposiciones innatas en la conducta. 
  • Determinismo cultural. Como afirma Van den Berghe, el sistema social tiene propiedades emergentes que no son reducibles a los sistemas inferiores (red social, mente, cerebro, gen). Y la sociología debe estudiar estas propiedades emergentes irreductibles a la base material de la sociedad. Pero el determinismo cultural, tan difundido entre la Sociología y la Antropología social, niega el papel de los sistemas inferiores en la conducta social y el funcionamiento de la vida social. 
  • Negación del materialismo. La sociobiología o la teoría evolucionista aplicada al estudio de la vida social implica reconocer el papel de la infraestructura biológica en la conducta humana social y en el funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, buena parte de la teoría sociológica es de carácter humanista. 
  • Sesgo metodológico que impide la observación del comportamiento humano. Van den Berghe acusa a los sociólogos de trabajar con datos agregados, de distanciarse, a diferencia de los etólogos, de la observación de la vida social en su entorno natural.
  • La teoría evolucionista es percibida como demasiado simple. La teoría sociológica gusta de complicar las cosas, nos dice el autor. El paradigma sociobiológico resulta demasiado simple. 
Concluye Van den Berghe que buena parte de los análisis sociológicos pueden continuar ignorando la biología evolutiva sin grandes riesgos para su continuidad académica. El análisis de políticas comparadas, por ejemplo, no necesita recurrir a explicaciones evolucionistas. Pero si de verdad queremos avanzar en el conocimiento científico de la conducta social y el funcionamiento de la vida social, la Sociología debe abrazar la teoría evolucionista y la sociobiología. De lo contrario, corre el riesgo de permanecer como una disciplina abstracta y estéril, sin contacto real con el comportamiento humano y lejos de la corriente fundamental en la ciencia actual.

sábado, 25 de marzo de 2017

Programados para conectar

Cuando experimentamos dolor social -extraña y cruel palabra- la sensación es tan real como cuando sufrimos dolor físico.
Así comienza la interesante entrevista a Matthew Lieberman, profesor de neurociencia social y autor de Social. La he rescatado estos días, mientras reflexionaba sobre nuestra necesidad de conectar con otras personas y sobre la angustia que se produce cuando se rompe un vínculo importante para nosotros. 

Como afirma Lieberman, aunque las sociedades occidentales enfatizan la independencia, el logro personal, la búsqueda de nuestro propio destino, los seres humanos estamos programados para conectarnos con otros seres humanos. Desde nuestros cuidadores durante la infancia a nuestros amigos en la edad adulta, nuestros familiares y compañeros o nuestras parejas sentimentales, nuestra conexión con otras personas es una pieza fundamental de nuestro bienestar. Somos, ante todo, un animal social. La conexión social es una necesidad, no un lujo. 


Cuando los vínculos interpersonales que establecemos son dañados o amenazados, sufrimos profundamente. La razón evolutiva es sencilla. Las cosas que nos causan daño son aquellas que han representado una amenaza para nuestra supervivencia en nuestra evolución como miembros del género Homo. Nuestra supervivencia como miembros de una especie hipersocial depende, en gran medida, de la pertenencia a un grupo cohesionado. Así que romper nuestra conexión con una persona querida es tan doloroso como la amputación de un miembro de nuestro cuerpo. Porque evolutivamente, una herida social es tan perjudicial para nuestra supervivencia como una herida física.

Rick Hanson, en su último libro sobre la felicidad, refiere a los tres “sistemas operativos” de nuestro cerebro configurados para dar respuesta a tres necesidades básicas para la supervivencia: el sistema de evitación, encargado de evitar amenazas; el sistema de accesión, que nos permite acceder a recompensas; y el sistema de apego, que nos permite conectar con los demás. Nuestras necesidades básicas son, por tanto, la seguridad, la satisfacción y la conexión. 

Perseguimos sentirnos a salvo y satisfechos. Pero, sobre todo, perseguimos sentirnos conectados. Como afirma Hanson, cuando nuestro sistema de apego está en modo proactivo, tendemos a sentirnos conectados, incluidos, sociables. Somos capaces de experimentar amor. Cuando nuestro sistema entra en modo reactivo, nos sentimos infravalorados, excluidos, separados. Experimentamos angustia. 

La angustia, el dolor social, es una señal de nuestra desconexión, de la ruptura de un vínculo importante. La angustia nos recuerda nuestra verdadera naturaleza social. 

sábado, 17 de diciembre de 2016

La correlación genotipo-entorno y el fenómeno de la amplificación genética

Correlación genotipo-entorno y amplificación genética son dos conceptos de la genética de la conducta con importantes implicaciones para el conocimiento de la conducta social humana.

La idea de correlación genotipo-entorno nos dice que los individuos seleccionan, modifican y crean entornos que correlacionan con sus predisposiciones genéticas. El entorno (interpersonal, social y ambiental) no es totalmente impuesto al individuo, sino que el individuo selecciona entornos que se ajustan a sus tendencias heredadas. Es decir, los individuos con diferentes genotipos se exponen a diferentes entornos. Por ejemplo, los individuos con una propensión genética a participar en comportamientos de búsqueda de sensaciones (“sensation seeking”) tienen una mayor probabilidad de relacionarse con pares que consumen drogas. La correlación genotipo-entorno se produce a través de mecanismos causales diversos.

Dado que el individuo selecciona durante su desarrollo, en alguna medida, entornos que se ajustan a sus tendencias innatas, a largo plazo se produce una amplificación de la tendencia genética inicial. Por ejemplo, un niño extrovertido tiende a relacionarse con más individuos, lo que, a su vez, mejora sus habilidades sociales y aumenta su extroversión en la edad adulta.

En un muy interesante artículo de la revista Vox IQ can predict your risk of death, and 8 other smart facts about intelligence, se muestra cómo el fenómeno de la amplificación genética se produce en el ámbito de la inteligencia. 


La inteligencia tiene un componente genético elevado. Junto a la clase social familiar, la salud y la nutrición en la infancia, los accidentes e infecciones y el desarrollo temprano, la herencia genética determina, en gran medida, la inteligencia de un individuo. Los genes de un individuo son capaces de explicar más del 50% de la variación en el coeficiente intelectual (CI) de un individuo.

Pero, aquí viene lo interesante. Según numerosos estudios transversales y longitudinales con gemelos, la herencia de la inteligencia se incrementa con el aumento de la edad. De modo que, si bien durante la infancia (9 años), la herencia explica el 40% de la variación en el CI, durante la edad adulta (17 años), la herencia es capaz de explicar más del 60% de su variación. Es decir, los genes son menos importantes en la predicción del CI de los niños que en la predicción del CI de los adultos.

Como afirman R. Plomin e I.J. Deary en su artículo en la revista Molecular Psychiatry Genetics and intelligence differences: five special findings, la amplificación genética es posiblemente la explicación de este mayor peso de la herencia genética en la determinación del CI conforme avanza la edad del individuo. Las diferencias genéticas iniciales se amplifican a medida que los niños seleccionan, modifican y crean entornos que favorecen el uso de la inteligencia o a medida que el entorno (familiar y académico, por ejemplo) reacciona favoreciendo ciertos rasgos iniciales, por ejemplo, estimulado intelectualmente en mayor medida a los niños con una mayor inteligencia inicial (este segundo mecanismo se denomina una correlación genotipo-entorno reactiva, por la que el entorno reacciona de modo diferente a las disposiciones heredadas)

La amplificación genética es un fenómeno muy interesante , que ayuda a comprender buena parte de los rasgos y las conductas de los individuos.

El artículo IQ can predict your risk of death, and 8 other smart facts about intelligence es una lectura muy interesante, con numerosos hallazgos sobre los determinantes bio-psico-sociales de la inteligencia.

domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Destinados a extinguirnos hacia 2800?

Hacer predicciones en el ámbito de lo social siempre es arriesgado. Las variables sociopolíticas no siempre evolucionan de modo regular y, en su evolución, intervienen numerosos factores relacionados. De ahí que buena parte de las predicciones no se cumplan. Pero dentro del sinfín de fenómenos sociopolíticos observables, las variables demográficas son las más regulares en el tiempo y, por tanto, las más sencillas de predecir.

Un estudio encargado por la Asamblea Nacional de Corea del Sur en 2014 concluye que este país podría enfrentar una extinción natural de su población hacia el año 2750 si se dan tres condiciones: la tasa de fecundidad se mantiene cerca de su valor actual, en 1.2 hijos por mujer, no hay una reunificación con Corea del Norte y no se produce una entrada significativa de inmigrantes.

Corea del Sur ha experimentado una de las caídas de la fecundidad más radicales entre las sociedades avanzadas en las últimas décadas. En concreto, ha pasado de más de 6 hijos por mujer en 1960 a 1.30 en 2015. Una caída de la fecundidad con consecuencias sociales importantes, como la disminución de la población activa.

En España, con una tasa de fecundidad idéntica, de 1.3, y una población muy similar, de casi 50 millones, la extinción natural no debería llegar mucho más tarde. Tal vez hacia 2800. ¿Estamos destinados a la extinción?

La cuestión es que las predicciones a 800 años vista sufren de gran incertidumbre. Las condiciones de partida pueden cambiar. Por otro lado, las sociedades aprenden y son capaces de hacer frente a los problemas derivados del progreso a través de la innovación social y tecnológica.

En relación a las condiciones de partida, podría, en primer lugar, aumentar la tasa de fecundidad. Cuesta pensar que ésta pueda volver a superar la tasa de reemplazo de 2.1 hijos por mujer. Países como Francia, con una natalidad más alta, se encuentran ligeramente por debajo del nivel de reemplazo, con 2.01 hijos por mujer. Pero de aquí a 2800 podría cambiar la intención de tener hijos de la población, así como las barreras externas para tener un hijo y las capacidades de los futuros padres. La tecnología biomédica podría también plantear nuevos escenarios. La ectogénesis (nacimiento fuera del vientre materno) podría estar cerca y disminuiría en gran medida el coste de tener un hijo.

También podría haber una inmigración masiva en cada siglo. En Corea del Sur los analistas calculan la necesidad de 15 millones de inmigrantes hacia 2060 para estabilizar la fuerza de trabajo. España superó los 40 millones gracias a la inmigración. Pero hay que tener en cuenta que los países emisores de África o América tendrán en breve tasas de fecundidad muy bajas y tasas de crecimiento económico previsiblemente más altas.

Finalmente, España podría unificarse definitivamente con el resto de países de la Unión Europea y convertirse en una región más de un país con más de 500 millones de habitantes. La cuestión, entonces, sería cuándo nos extinguiríamos los europeos. Bien, si los datos son correctos y la tasa de fecundidad está en los 1.6 hijos por mujer, la extinción natural se produciría, imagino, no mucho después de 2900.

Photo: Quiapo Children, by Rina Laxa. Creative Commons

sábado, 8 de octubre de 2016

¿Es Noruega la sociedad mejor organizada de la historia?

Posiblemente, Noruega es la sociedad mejor organizada de la historia de la humanidad. Cinco millones de habitantes que disfrutan, en su mayoría, de altos niveles de calidad de vida, libertad y seguridad. Existen pocos ejemplos históricos de sociedades tan exitosas. 

La esencia de Noruega es, quizá, su buena organización. La capacidad de innovación tecnológica, el estado del bienestar, el fondo de pensiones, el funcionamiento de la industria petrolífera, la buena educación no son causas de su éxito, sino los síntomas de una sociedad bien organizada. 



Para entender la esencia de la organización social de Noruega, los investigadores del Evolution Institute han llevado a cabo el Proyecto Noruega, cuyos resultados pueden consultarse en el interesante librito The Norway Project: A deep look at its lessons to help us to improve our society

Desde una perspectiva evolucionista, Noruega es una sociedad que ha conseguido maximizar los beneficios (para todos los individuos) de la cooperación entre individuos, agregados de individuos (familias, pueblos, ciudades, regiones) y agentes o colectivos sociales. Como afirma David Sloan Wilson en la introducción del estudio, Noruega ha aplicado de modo efectivo mecanismos de control social, similares a los que operan en los pequeños pueblos, que han permitido limitar la conducta egoísta para dirigirla al bienestar de todos los individuos. 

Al fin y al cabo, una sociedad es una unidad cooperativa. La perspectiva evolucionista sociobiológica multinivel nos sugiere que de la misma forma que en el mundo biológico tenemos genes, individuos, especies y ecosistemas, en el mundo social tenemos genes, individuos, familias, pueblos y ciudades, provincias y regiones, naciones y países establecidas en un ecosistema. Una sociedad, sea un pueblo, una ciudad, una región o un país, no puede funcionar de modo exitoso sin lograr una cooperación conjunta efectiva entre sus miembros.

Pero los países difieren profundamente en su funcionamiento en la escala nacional. La organización de algunos países, como Guinea Ecuatorial, resulta en que una familia (la familia del presidente) obtiene todos los beneficios de la industria petrolera mientras el 80% de la población vive con menos de dos dólares al día. La organización de otros países, como Noruega, resulta en que la mayoría de su población disfrute de niveles elevados de calidad de vida. 

Cómo ha llegado Noruega a perfeccionar su organización social requiere repasar una historia de reformas inteligentes resultado de numerosos elementos como una democratización exitosa que favoreció la igualdad, normas culturales que enfatizan la igualdad humana, la responsabilidad individual, la laboriosidad y el respeto al estado, una alta complementariedad entre las instituciones sociales y el mercado, el comportamiento de los partidos políticos, etc. Algunos de estos elementos son tratados en The Norway Project. Todos ellos han sido objeto de estudio de científicos sociales durante décadas. 

La idea esencial del informe del Evolution Institute es que una perspectiva evolucionista sociobiológica nos permite comprender que, en gran medida, el éxito de una sociedad se fundamenta en su capacidad para fortalecer la cooperación entre sus individuos.

sábado, 24 de septiembre de 2016

Sistemas que perduran

Resulta obvio que para comprender un sistema complejo- desde un bosque a una ciudad, pasando por una organización- debemos pensar sistémicamente. El pensamiento mecanicista y analítico nos permite medir y examinar variables, analizar correlaciones, etc. Así que resulta también de gran utilidad. Pero para entender realmente el funcionamiento de un sistema debemos tener una perspectiva global, holística, sistémica.

En un interesante TED sobre “Cómo construir empresas que duren 100 años”, el estratega y consultor Martin Reeves identifica, partiendo de la perspectiva sistémica en el ámbito de la ecología, los principios que hacen que una empresa sea capaz de sobrevivir en un entorno complejo y cambiante como el sistema económico actual. 


Una organización es un sistema complejo adaptativo (consta de individuos interconectados que desempeñan distintas funciones y trabajan con un objetivo y es capaz de adaptarse y aprender) que forma parte de un ecosistema de negocios, que a su vez forma parte de un sistema social más amplio. Las organizaciones son como otros sistemas biológicos, por lo que los principios que proporcionan robustez en estos sistemas, también son aplicables a los negocios.

Reeves, Levin y Ueda identifican seis principios de funcionamiento que hacen que un sistema complejo adaptativo sea más robusto y, por tanto, más duradero. Los primeros tres principios son estructurales, es decir, tienen que ver con el diseño del sistema:
  1. Redundancia. Duplicación de ciertos componentes o funciones críticas del sistema.
  2. Diversidad. Heterogeneidad en las personas, funciones, ideas. 
  3. Modularidad. Compartimentalización entre los componentes del sistema
Los segundos tres principios están relacionados con la gestión, con la aplicación de inteligencia e intencionalidad en la gestión del sistema:
  1. Adaptación. Acciones dirigidas a la acomodación a las condiciones del entorno monitorizando el cambio, promoviendo la experimentación y diversidad, etc. 
  2. Prudencia. Evaluar las consecuencias posibles de las acciones, llevar a cabo acciones preventivas. 
  3. Incrustación. Establecer normas de reciprocidad y relaciones de confianza con otros organismos en el entorno. 
Tanto en su TED como en su artículo, Reeves y compañía ofrecen numerosos ejemplos de organizaciones que fueron capaces de aplicar alguno de estos seis principios para sobrevivir en un entorno competitivo y cambiante. Pero también de otras organizaciones que no fueron capaces de aplicarlos (como Kodak o Ericsson). 

Es apasionante pensar que estos seis principios son aplicables a cualquier sistema complejo adaptativo, desde un ecosistema a una sociedad.