sábado, 17 de julio de 2021

El contagio social complejo y tres intervenciones para favorecerlo

¿Cómo se transmiten los rumores?, ¿cómo se desarrollan las modas?, ¿cómo se difunde una innovación?, ¿cómo se difunden las ideas? A grandes rasgos, existen dos tipos de contagio social. El contagio social sencillo, como la transmisión de información entre individuos (ej. transmisión de rumores), y el contagio social complejo, cuando lo que está en juego es la adopción de una innovación, una conducta o una creencia. El contagio social se puede definir como la difusión espontánea, en un grupo o red social, de un comportamiento, emoción, creencia o innovación. Pero la forma del contagio difiere ampliamente en los procesos de contagio social simples y complejos. 

En el contagio social simple, la mera exposición del individuo a la nueva información puede producir que el individuo expuesto adquiera esa información. El contagio social simple funcionaría de modo similar a un virus altamente contagioso, como la varicela. La información es fácilmente transmisible y, por lo general, no requiere procesos costosos de cambio en hábitos, actitudes y conductas por parte del individuo para considerarse “infectado”. Ciertos atributos de la información hacen que la información sea más o menos transmisible.
 
Sin embargo, en el contagio social complejo, cuando lo que se transmite implica un cambio en la conducta o en las actitudes de las personas “infectadas”, el contagio requiere que una proporción significativa de las personas que con las que tenemos un contacto directo estén “infectadas”, es decir, hayan adoptado la nueva conducta o creencia. Si en el contagio social simple bastaría la exposición a cualquier “infectado” para que una persona adquiriera la información, en el contagio social complejo es necesaria la exposición a una proporción suficiente de “infectados” en nuestra red de contactos directos y cercanos. Lo importante en el contagio complejo es a cuántas personas infectadas está conectada una persona. 

Imaginemos, por ejemplo, que un individuo entra en un vagón del metro y escucha una conversación en la que una persona informa a otra de que esta noche se producirá el cambio del horario de invierno al horario de verano. La información ya ha sido transmitida por la mera exposición. El individuo ya está “infectado”. Como un virus muy transmisible. Sin embargo, en la misma situación, escuchar una conversación sobre una nueva aplicación para comprar comida a domicilio, difícilmente producirá que el individuo comience a utilizar esta aplicación. Será necesario, quizá, que tres de los cinco compañeros de trabajo directos de este individuo y dos de sus tres mejores amigos empiecen a usar esta aplicación, para que el individuo adopte la innovación, resulte “infectado”. En los procesos de contagio complejo la norma social prevalente en la red local del individuo es crítica. 


El profesor de Sociología Damon Centola, en su obra Change. How to make big things happen distingue tres intervenciones para difundir una innovación en una red social. Sólo la tercera de ellas sería adecuada para favorecer el contagio social complejo:

Estrategia de la escopeta. Es la estrategia del márketing viral. Por ejemplo, se eligen diez personas diversas en una comunidad para que actúen de agentes del cambio. Estas personas están separadas relacionalmente, no tienen muchos contactos en común. Si lo que se pretende transmitir es un virus altamente contagioso, esta estrategia produciría una expansión rápida. 

Estrategia bala de plata. Es la estrategia del influencer. Aquí lo importante es convencer a personas muy influyentes, con alto poder relacional, para que difundan la innovación. De nuevo, sería una intervención efectiva para difundir información pero, en una situación de adopción de una innovación o conducta, la mayoría de los individuos en la red social siguen rodeados por personas que no han adoptado la nueva conducta. Incluso pueden percibir la conducta o la innovación como algo elitista, conocido pero poco normativo. 

Estrategia de bola de nieve. En esta estrategia se trata de incubar el apoyo a la innovación o la nueva conducta o creencia en el interior de clusters de personas (personas relacionadas o cercanas). Se seleccionan personas suficientes en la misma red local o cluster para que con el tiempo todos los miembros del cluster sean “infectados”, adopten la innovación. Si la adopción se produce en el interior de varios clusters es muy probable que, con el tiempo, salte a toda la población. 

Centola refiere a dos estudios recientes sobre la difusión de innovaciones (innovación agrícola en Malawi y la difusión de paneles solares en los hogares ) en los que se pudo comparar el efecto de las tres intervenciones (con algunas variaciones). En ambos casos, la estrategia de bola de nieve fue capaz de generar una mayor adopción que la estrategia del influencer o el marketing viral, la difusión de información o los incentivos. 

Las personas tienden a imitar lo que hacen las personas que les rodean. Las normas sociales, esto es, las conductas y creencias que prevalecen en nuestro entorno, son un determinante de nuestra conducta. Pero lo importante aquí es que son las normas sociales en nuestro entorno cercano, tanto social como geográfico (en nuestras redes de amigos, familiares, compañeros, vecinos), las que verdaderamente determinan la conducta social compleja. Por eso la innovación en una comunidad, cuando implica un cambio de conducta o de creencias, suele producirse en clusters locales, en puntos calientes (hotspots) y no de modo aleatorio, viral.   

sábado, 15 de mayo de 2021

La mente occidental y el cambio social. Tres ideas a propósito de The weirdest people in the world.

Una lectura esencial de las ciencias sociales en los últimos años es The WEIRDest People in the World: How the West Became Psychologically Peculiar and Particularly Prosperous, del profesor de cultura, coevolución y biología humana, Joseph Henrich. 


The Weirdest people plantea tres ideas principales:


  1. Las personas en las sociedades occidentales (Europa y los países anglosajones), esto es, las personas weird (socializadas, por sus siglas en inglés, en países occidentales, industrializados, ricos y democráticos) tienen una mente diferente, en comparación con las personas de otras sociedades. Esta mente es excepcional, en el sentido de que se trata de una excepción histórica. Henrich refiere a numerosos estudios que muestran que la manera de pensar que la mayoría de nosotros consideramos “normal” es una manera de pensar que se desarrolla en ciertas sociedades occidentales de modo relativamente reciente. Somos individualistas y analíticos y la mayoría de la humanidad nunca ha sido así. 

  2. Esta nueva “psicología”, caracterizada por el individualismo, la menor conformidad a las normas, el mayor autocontrol, la mayor capacidad para el pensamiento analítico y la adscripción de normas universalistas, es la responsable de la existencia de mercados impersonales, gobiernos constitucionales, ciudades auto-gobernadas de ciudadanos libres, empresas, universidades modernas, religiones individualistas, experimentación científica, es decir, del conjunto de prácticas, instituciones y políticas que dieron lugar a la modernización de Europa. El “triunfo” socio-económico de Occidente estaría basado, entonces, en la consolidación de esta nueva mente individualista, pues favorecería la cooperación en una economía de mercado, el comercio, la especialización, la gestión racional de las organizaciones y las sociedades, el pensamiento analítico, la experimentación científica, la innovación...todos estos, factores asociados con el progreso económico. 

  3. Esta nueva mente fue el resultado de un proceso deliberado de transformación social iniciado por ciertas comunidades cristianas y acelerado por la Iglesia Católica durante la Edad Media y consistente en la eliminación de los clanes patrilineales característicos de la mayoría de sociedades agrícolas con cierto nivel de desarrollo. Aquí Heinrich aporta evidencias empíricas de dos procesos muy interesantes: a) la presencia de ciertas comunidades cristianas en las sociedades está asociada con una menor intensidad de las instituciones basadas en el parentesco (matrimonio entre familiares, familias extensas, subordinación de la mujer, etc.); y b) cuanto más débiles han sido las instituciones basadas en el parentesco en una sociedad, más weird es la psicología de su población. Es decir, los datos parecen apoyar la tesis de que la exposición a la iglesia católica conlleva una destrucción de las estructuras de parentesco que, a su vez, produce la aparición de la mente occidental. 





Son muchas las cuestiones que se pueden cuestionar en el libro de Heinrich. ¿Fue la acción de la Iglesia Católica el factor determinante en la transformación de la mente occidental? ¿Es la transformación de la mente occidental el detonante del éxito económico de occidente? Los historiadores suelen recelar de los estudios de Big History. Heinrich describe un proceso macrosocial, macrohistórico, que permite ver el bosque pero olvida los árboles. Pero no hay duda de que se trata de una obra clave para la sociología y la antropología social reciente, que supera y actualiza (de eso trata la acumulación de conocimiento en la ciencia) estudios como la Ética protestante y el espíritu del capitalismo de Weber (Heinrich refiere a diversos estudios que confirman la tesis de que las regiones protestantes, pero también aquellas en las que predominan comunidades como las cistercienses o los jesuitas, suelen tener un mejor rendimiento económico a largo plazo) o El Suicidio de Durkheim. 


Todas las ideas contenidas en The Weirdest people me han resultado fascinantes. Pero hay una cuestión que me ha hecho reflexionar especialmente. ¿Podrían ciertas diferencias genéticas entre poblaciones explicar la aparición de la mente occidental? Es decir, ¿podría el programa de transformación de la iglesia católica no ser un factor exógeno sino el resultado de un tipo de mente y personalidad existente con mayor frecuencia en Europa? Aunque Heinrich descarta el posible papel de las diferencias genéticas, su argumentación a este respecto parece en exceso simplista (apenas le dedica unas páginas). 


En la actualidad, sabemos que aunque las poblaciones humanas son genéticamente muy similares (de hecho, se considera que existía más diversidad genética en las poblaciones originarias en África que entre las poblaciones actuales), existen pequeñas diferencias genéticas entre poblaciones que pueden tener consecuencias relevantes en términos de comportamiento social (no olvidemos que las diferencias genéticas entre humanos y otros primates son también muy muy pequeñas). Por ejemplo, estudios bajo el paraguas de cultural genomics han mostrado que el grado de emocionalidad positiva de una población (el componente emocional de la felicidad) tiene una correlación muy elevada con la presencia del alelo rs324420 A en el gen FAAH. Otros estudios han encontrado evidencias de que las culturas colectivistas cuentan con una mayor proporción de individuos portadores del alelo corto (S) del 5-HTTLPR. Este alelo está asociado a problemas de depresión y ansiedad. Pero la existencia de rasgos colectivistas disminuye la asociación entre la presencia del alelo y la depresión. Es decir, el rasgo colectivismo-individualismo podría ser una adaptación social para solucionar una predisposición genética determinada. 


Llevo semanas pensando en las consecuencias de estos hallazgos: las poblaciones difieren genéticamente y desarrollan rasgos culturales y sociales que expresan esas diferencias genéticas (lo mismo, en esencia, que hacemos los individuos con respecto a nuestros hábitos y rutinas). No todas las sociedades cuentan con el mismo tipo de individuos (en términos de personalidad y capacidades personales) por lo que las sociedades tienen una mayor o menor facilidad para desarrollar ciertas instituciones y políticas. Por supuesto, hay otros factores que influyen en la capacidad de una sociedad de desarrollar ciertas instituciones. Asimismo, las poblaciones pueden importar rasgos sociales y culturales (prácticas, instituciones, políticas, innovaciones) de otras sociedades. Pero la esencia socio-cultural de una población podría estar inicialmente programada por las características de sus individuos.  


Llevará tiempo dilucidar todos los mecanismos implicados en el cambio social e histórico. Pero el libro The WEIRDest People in the World: How the West Became Psychologically Peculiar and Particularly Prosperous es una gran contribución al respecto. Me atrevería a decir que, de la misma manera que ya no se lee a Aristóteles en los primeros cursos de la carrera de física o biología, estudios como el de Heinrich podrían empezar a sustituir a los clásicos de la Sociología entre la bibliografía obligatoria de la disciplina. 

domingo, 14 de febrero de 2021

Distintos tipos de explicaciones

Una cuestión apasionante en el estudio de la causalidad es la diferencia entre causas próximas y causas últimas así como entre explicaciones causales nomotéticas y explicaciones causales ideográficas. Veamos cómo se aplican estas diferencias en el estudio de la conducta social. 

En su libro Good Reasons for Bad Feelings: Insights from the Frontier of Evolutionary Psychiatry, el psiquiatra y biólogo evolutivo norteameriano Randolph Nesse hace uso de esta diferencia para explicar los orígenes de las afecciones mentales como la depresión o la ansiedad, la esquizofrenia o la adicción. La idea básica del libro es que para comprender los trastornos mentales, emocionales y de la conducta, debemos recurrir tanto a las causas próximas de los trastornos (cómo funcionan, qué mecanismos están implicados) como a sus causas últimas o evolucionistas (por qué la selección natural favorece, bajo ciertas condiciones, la aparición de estos trastornos en los seres humanos). También debemos recurrir a explicaciones nomotéticas (qué factores de riesgo están asociados a los trastornos en la población) como a las explicaciones ideográficas (qué elementos desencadenaron un trastorno mental en una persona en concreto).

Veamos la diferencia entre causas próximas y causas últimas. Si pensamos, por ejemplo, en las emociones, la causa última de la existencia de emociones positivas y negativas se relaciona, como es lógico, con la selección natural y sexual. Las emociones positivas motivan a los organismos a buscar y permanecer en situaciones que ofrecen oportunidades para sobrevivir y reproducirse (en los seres humanos, con un cerebro social evolucionado, estas oportunidades son más diversas que en otras especies e incluyen el placer físico pero también la amistad, la adquisición de estatus o el amor). Las emociones negativas motivan la evitación y la huida de situaciones que implican una amenaza o una pérdida (sea una amenaza física, el rechazo social, la pérdida de estatus o el aislamiento). Los trastornos mentales, como la ansiedad, poseen una génesis evolutiva más compleja y no son necesariamente adaptativos, pues pueden reflejar una desregulación del sistema emocional, una “sobreactuación” del sistema, así como una vulnerabilidad del cerebro humano evolucionado para sobrevivir y reproducirse en un entorno biosocial determinado y que produce fallos en determinadas circunstancias. 


Estas serían las causas últimas de los trastornos como la ansiedad o la depresión en los seres humanos. Pero, ¿por qué mecanismos un individuo desarrollaría una depresión? Las causas próximas de los trastornos mentales referirían a los distintos mecanismos relacionados con el funcionamiento de los genes, factores prenatales y durante la crianza, los eventos estresantes personales, el funcionamiento de la amígdala, los neurotransmisores, el grado de neuroticismo, etc. que explican por qué y cómo se origina un trastorno en las personas. Comprender estas causas nos permitiría comprender por qué unas personas desarrollan un trastorno y otras no. Pero no nos permitiría descubrir el verdadero o el porqué último de la depresión o la ansiedad en el ser humano. 

Además de causas últimas y próximas podemos distinguir, como decimos, entre explicaciones nomotéticas (o regularidades empíricas) y explicaciones ideográficas (o cadenas causales). Nesse refiere a esta distinción, relevante en las ciencias sociales y el estudio de la conducta humana, para poner de manifiesto las dificultades en la comprensión y tratamiento de los trastornos mentales en las personas. 

Pensemos en cómo se formulan las explicaciones causales en la investigación analítica en ciencias sociales. Si, por ejemplo, queremos comprender el efecto del encarcelamiento parental en la trayectoria vital de los niños, tendremos que observar, en una muestra de decenas de niños en un área geográfica determinada, si los niños con un padre en prisión tienen, por ejemplo, peores resultados académicos que los niños sin un padre en prisión, manteniendo todo lo demás (estatus socioeconómico, estado civil, etc.) constante. La investigación al respecto parece consistente. Los niños con un padre en prisión tienen, de media, peores resultados en distintas dimensiones en su trayectoria vital (más probabilidad de cometer un delito, entrar en prisión, etc.). A esto se dedica la investigación social analítica cuantitativa, en general. Se observan regularidades empíricas más o menos potentes y consistentes (ej.: el encarcelamiento paterno se asocia con peores resultados vitales en los jóvenes) que son expresadas en probabilidades (cuando A cambia es más o menos probable que B cambie). Son efectos y mecanismos causales o explicativos.

Pero conocer una regularidad empírica sobre un fenómeno (una conducta social o rasgo social en nuestro caso) no permite comprender el origen de este fenómeno en un individuo o caso concreto. Por ejemplo, sabemos que fumar incrementa la probabilidad de desarrollar un tumor canceroso. Pero cuando una persona concreta desarrolla un tumor canceroso, no podemos saber las causas del desarrollo de su tumor, pues estas podrían ser muy diversas y no tener nada que ver con el hábito de fumar (esta persona podría no fumar, por ejemplo). Esto ocurre en cualquier ámbito del conocimiento científico. Por ejemplo, las leyes de la gravedad son necesarias para explicar por qué existen las estrellas o las lunas, pero no son suficientes para explicar la secuencia de eventos que han conducido al desarrollo de una estrella o una luna en particular. De la misma forma, podemos conocer los factores de riesgo asociados al suicidio, pero esta información será insuficiente para conocer qué llevó a una persona a suicidarse. 


Conocer las probabilidades generales es útil para entender un fenómeno pero resulta insuficiente para comprender la cadena de eventos explicativos del fenómeno en un caso concreto. 

Aquí entramos en el terreno de las explicaciones ideográficas (la distinción entre explicación ideográfica y nomotética fue introducida por Hugo Münsterberg en una conferencia en la Asociación Americana de Psicología en 1899. Personalmente prefiero los conceptos de regularidades empíricas y cadenas causales). Las explicaciones nomotéticas, como decimos, nos permiten profundizar en cómo, por ejemplo, los genes, el autocontrol, las creencias criminogénicas, el grupo de amigos y conocidos o el consumo de sustancias son factores asociados (probabilísticamente) a la comisión de un delito en los jóvenes. Pero si queremos explicar por qué una determinada persona acabó cometiendo un delito, conocer estas regularidades resulta insuficiente. Quizá el joven tenía un nivel bajo de autocontrol, tuvo profesores poco comprensivos, lo que le llevó a abandonar los estudios muy joven, lo que le hizo mudarse a una vivienda en la que coincidió con personas que cometían delitos, lo que le llevó a participar en distintos delitos para sentirse integrado, lo que desencadenó en una forma de vida delictiva...la cadena de causas puede ser larga y sinuosa.  Lo importante, aquí, es conocer los eventos que de modo secuencial o simultáneo condujeron a la conducta o rasgo en un individuo. 

Pero, ¿es posible combinar ambos tipos de explicaciones causales? En el ámbito de la psiquiatría, por ejemplo, instrumentos como el Schedule of Recent Experience (SRE) tratan de comprender el estrés a largo plazo que está experimentando una persona. Para ello examina los principales acontecimientos de la vida que ha experimentado la persona durante el último año y asigna una puntuación adecuada a cada uno de ellos. Es una forma de cuantificar de modo analítico la secuencia de causas que pueden conducir al desarrollo de un trastorno. Se personalizan las generalizaciones probabilísticas de las explicaciones nomotéticas y se obtiene una medida cuantitativa de riesgo para el individuo concreto. Pero estas medidas no están exentas de limitaciones. 

Otros autores como Ronet Bachman y Russell Schutt han sugerido que la investigación cualitativa podría tener el papel de proporcionar explicaciones ideográficas en la investigación de la conducta social. Desde mi punto de vista, esto situaría a la investigación cualitativa fuera de la investigación analítica, lo que sería un error. Las explicaciones ideográficas son necesarias en la práctica, y no tanto en la investigación analítica. Pero los hallazgos cualitativos suelen resultar esenciales para ilustrar y comprender mejor las regularidades observadas en la investigación nomotética. 

Para ir de modo sustantivo de lo universal a lo particular sin olvidar la importancia de las explicaciones últimas, Ness propone, en el ámbito de la psiquiatría, la técnica denominada Review Of Social Systems, una forma de entrevista en la que se exploran los esfuerzos de los individuos en la consecución de seis objetivos vitales universales: social, ocupacional, familia, ingresos, habilidades y salud y relaciones íntimas. El objetivo es identificar en cada área vital problemas que puedan estar causando síntomas. Algo parecido a como trabajan numerosas terapias psicológicas y programas de coaching (Ness menciona el ejemplo de la puntuación Agpar, una prueba para evaluar la salud de un bebé que considera cinco factores: Aspecto, Pulso, Irritabilidad (del inglés Grimace), Actividad y Respiración. En la prueba, cada factor o aspecto se evalúa en una escala que va del 0 al 2, siendo 2 la máxima puntuación posible. Una puntuación muy baja puede indicar que el bebé necesita ayuda médica adicional o de emergencia).

En definitiva, cuando pensamos en las causas de los fenómenos sociales y la conducta social, es importante tener en cuenta la existencia de distintos niveles de causalidad. Las causas últimas nos hablan del origen evolucionista de los fenómenos sociales (por qué los seres humanos y las sociedades humanas desarrollan ciertos rasgos). Las causas próximas nos indican los factores y mecanismos que explican la variación de los fenómenos sociales y la conducta social (¿está determinado factor asociado con cierta conducta o rasgo?; ¿qué mecanismo vincula ese factor con el rasgo o conducta en cuestión? Las explicaciones nomotéticas suelen referir a estas causas próximas. Buscan regularidades probabilísticas, conexiones entre variables. Las explicaciones ideográficas nos permiten pensar en la causalidad en el ámbito de los individuos concretos, en la cadena de eventos que condujo a un resultado específico para un caso específico, lo cual es fundamental en el terreno de la práctica e intervención (¿por qué una determinada persona o sociedad desarrolló cierta conducta o rasgo?; ¿por qué sucedió un determinado evento?). 

Todo esto nos permite comprender mejor el mundo social. 

domingo, 27 de septiembre de 2020

El efecto de simplemente estar ahí: o cómo el contexto del vecindario influye en nuestras actitudes sociales

El efecto barrio o del vecindario es uno de los fenómenos más estudiados en las ciencias sociales. La idea esencial, observada empíricamente en estudios diversos en el ámbito de la salud, el voto político, el delito o las actitudes sociales, es que el barrio en el que reside una persona tiene efectos directos e indirectos sobre las actitudes sociales y los comportamientos de los individuos. Estos efectos pueden ser debidos a la composición del vecindario, a su estructura o a los procesos sociales y de contagio que ocurren en el mismo o a una combinación de todos ellos. 

Lo cierto es que los efectos del vecindario sobre las actitudes sociales de las personas se transmiten desde la infancia -esta sería la idea básica del concepto de socialización y transmisión cultural- pero, también, con la exposición diaria a señales y activadores específicos en el entorno socio-ecológico. Es decir, puede existir un efecto más profundo del barrio en el desarrollo socio-emocional de los individuos pero también un efecto diario, más plástico e inmediato, resultado de la interacción cotidiana con otras personas y con señales en el entorno físico del barrio. 


Para probar los efectos inmediatos del entorno ambiental y el contexto social en las actitudes sociales de los individuos, los investigadores del Centre for Behaviour & Evolution de la Universidad de Newcastle llevaron a cabo un estudio experimental muy ingenioso en dos vecindarios de una ciudad británica, uno económicamente desfavorecido con un índice de criminalidad relativamente alto, y el otro rico y con menor índice de criminalidad. 


En la primera parte del estudio, a partir de una encuesta con residentes, los autores hallaron que los residentes del barrio desfavorecido tenían niveles más bajos de confianza social y niveles más altos de paranoia (la creencia en que las personas persiguen activamente hacer daño al sujeto) que los residentes del barrio acomodado. En la segunda parte, los investigadores transportan experimentalmente a estudiantes voluntarios que no residían en ninguno de los vecindarios a uno u otro barrio, y los hicieron caminar entregando cuestionarios a las casas. Tras 45 minutos, se midió el nivel de confianza social y paranoia de los jóvenes. Los resultados mostraron que los jóvenes que visitaron el barrio desfavorecido reportaron una menor confianza social y una mayor paranoia que los visitantes del barrio acomodado. Las diferencias entre los visitantes, que solo pasaron hasta 45 minutos en las ubicaciones, fueron casi tan grandes como las encontradas entre los residentes



El gráfico anterior muestra las diferencias entre residentes del barrio A y B así como entre visitantes del barrio A y B. Los residentes y visitantes del barrio B reportan niveles más elevados de paranoia y niveles más bajos de confianza social. Las diferencias son moderadas (es decir, los individuos en ambos barrios no difieren fuertemente en sus niveles de confianza social y hay, seguramente, muchos otros factores que explican las diferencias en los niveles de confianza) y significativas. 


La idea esencial del estudio es que, como mostramos al hablar de las variaciones sobre el experimento de la golosina (marshmallow test) realizadas por las investigadoras de Rational snacking: young children's decision-making on the marshmallow task is moderated by beliefs about environmental reliability (2013), el entorno interpersonal, social y ambiental influye de modo directo en el comportamiento y las actitudes sociales de los individuos, afectando a rasgos tan diversos como el autocontrol o la confianza social y la paranoia. 


Como concluyen los investigadores del estudio, los mecanismos que calibran las actitudes sociales permanecen altamente plásticos en la edad adulta, se actualizan rápidamente y responden a señales específicas en el entorno inmediato, de modo que las personas se asimilan muy rápidamente a la cultura y el entorno de una población (en el sentido de sus actitudes sociales distintivas localmente).


viernes, 19 de junio de 2020

¿Qué es el "síndrome patrilineal" y por qué algunas sociedades quedan atrapadas en el mismo?

La subordinación sistemática de las mujeres a la autoridad de los hombres es una de las características más perniciosas de las sociedades tradicionales. La falta de libertad, la desigualdad en el hogar, la ausencia de derechos, la violencia y la opresión suelen caracterizar la vida cotidiana de las mujeres en la mayoría de las sociedades tradicionales, incluidas algunas sociedades del presente. ¿Las causas? Una organización patrilineal de la sociedad, resultado de la dependencia de las sociedades con respecto a los hombres para defender su seguridad física, y la ausencia de un estado moderno que garantice los derechos individuales y la igualdad ante la ley de hombres y mujeres.

Para conocer el verdadero carácter de la subordinación femenina en las sociedades tradicionales y entender el funcionamiento y los orígenes de la organización patrilineal de la sociedad, así como sus consecuencias sociopolíticas, resulta muy recomendable la lectura de The First Political Order: How Sex Shapes Governance and National Security Worldwide, de las investigadoras Valerie M. Hudson, Donna Lee Bowen y Perpetua Lynne Nielsen. El trabajo es resultado de un proyecto de investigación de cuatro años financiado por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos bajo los auspicios de su Iniciativa Minerva, utilizando la Base de Datos WomanStats.


Las investigadoras huyen de conceptos vagos como el de patriarcado o masculinidad hegemónica y, armadas de claridad de pensamiento y evidencia empírica, diseccionan lo que denominan el “síndrome patrilineal/fraternal” y sus consecuencias socio-políticas a partir de una combinación de hallazgos procedentes de la historia, la sociología, la antropología, la ciencia política y la biología evolucionista y el análisis empírico observacional de más de 100 sociedades del presente. La tesis principal de las investigadoras es que el síndrome patrilineal domina la estructura y los procesos de una sociedad. La dominación de la mujer en el hogar, la familia y el clan determina todo el funcionamiento general de una sociedad, lo que se traduce en una mayor inestabilidad social, menores niveles de bienestar, progreso social, económico y político. 

¿Qué es el síndrome patrilineal y por qué se reproduce en la mayoría de sociedades agrícolas tradicionales? Bien, las investigadoras definen el síndrome patrilineal como un sistema de organización de la sociedad que resulta en la subordinación sistemática de las mujeres a los varones y que se caracteriza por un conjunto de prácticas y normas sociales estables tales como la poliginia (el matrimonio de un hombre con varias mujeres, presente en el 80% de las sociedades), la patrilinealidad (sistema de parentesco que considera parientes sólo a los de la línea paterna, agnaticia, de las generaciones ascendente y descendente de un individuo), la patrilocalidad, el pago por la novia y la dote, el matrimonio forzado de mujeres menores de edad, el matrimonio entre primos, la ausencia de derechos de propiedad por parte de la mujer, la desprotección legal o la violencia física.

Con el objetivo de analizar empíricamente la prevalencia del síndrome patrilineal en las sociedades del mundo, las investigadoras, a partir de diferentes fuentes de datos secundarias, construyen un índice del síndrome patrilineal/fraternal. Este índice se compone de 11 variables tales como la prevalencia de violencia contra las mujeres, prevalencia de matrimonio patrilocal, edad de las mujeres en el primer matrimonio, etc. y permite clasificar a los países en países post-síndrome (con puntuaciones muy bajas, entre 0 y 5), países en transición (puntuaciones entre 6 y 9 en el índice) y países con el síndrome (puntuaciones entre 10 y 16). 

Mapa global del síndrome (fuente)

A continuación, las investigadoras correlacionan la puntuación de los países en el índice con un conjunto de factores relacionadas con la actuación social, económica, política y medioambiental de los países. Los resultados son muy evidentes: la puntuación en el índice está fuertemente correlacionada con los resultados en todas las dimensiones consideradas, esto es, las sociedades con mayor presencia del síndrome patrilineal, con una mayor puntuación en el índice, son más disfuncionales, tienen peores resultados en todos los factores de bienestar considerados (estabilidad política, seguridad, crecimiento económico, salud y bienestar, educación, progreso social y protección del medio ambiente), aún manteniendo constantes otros factores como el nivel de urbanización, la existencia de pensiones, los medios de comunicación o la presencia de eventos externos.  

Pero, ¿cuáles son los orígenes del síndrome patrilineal? Bien, los orígenes del sistema patrilineal están relacionados, según las investigadoras, con el dilema de la seguridad. Para defender su seguridad frente a enemigos y estresores externos, las sociedades con cierto nivel de complejidad tienden a configurarse en la forma de clanes tribales dominados por varones. La supervivencia del clan se basa en la reproducción de sus miembros. De modo que el control de la reproducción, es decir, de las mujeres, se convierte en una pieza esencial del sistema tribal patrilineal. Las causas evolutivas serían el hecho de que son las mujeres las que tienen los hijos -las que permiten la reproducción del clan-, el dimorfismo sexual -los varones son más corpulentos y poseen más fortaleza física que las mujeres- y la mayor inversión parental por parte de las mujeres en la crianza de los hijos. Estos procesos sociobiológicos tienden a configurar sociedades dominadas por clanes de varones emparentados (clanes de primos) que ejercen un fuerte control sobre el conjunto de la sociedad y, en especial, sobre las mujeres (fuente de reproducción del clan). 

Las sociedades dominadas por el síndrome patrilineal tienen una fuerte resistencia al cambio. La comunidad patrilineal domina la organización de la sociedad. Los clanes degradan y capturan las instituciones y las capacidades del estado, por lo general débil en estas sociedades, dificultando los cambios que permitan la relajación del síndrome patrilineal. Así que, ¿hay una salida al síndrome patrilineal?

Ciertamente, como ponen de manifiesto las investigadoras, la historia de Europa así como la historia reciente de la Unión Soviética, nos muestran que los cambios en la estructura de los matrimonios, la familia y los derechos de propiedad para las mujeres pueden precipitar la salida de las sociedades del síndrome (y no tanto la educación o la representación política). En la Europa medieval, los cambios forzados por la iglesia católica (en su propio interés) en el matrimonio y la familia -a través de la promoción de la monogamia y la familia nuclear, la igualdad de la mujer en el seno familiar, el aumento de la edad en el matrimonio, la prohibición del matrimonio entre primos y el matrimonio neolocal- fueron desintegrando paulatinamente el síndrome patrilineal en Europa (un artículo de investigación muy interesante al respecto puede leerse aquí). En el siglo XVI, las mujeres en Holanda gozaban ya de una gran libertad personal así como de derechos de propiedad. 

Es decir, la transición desde sociedades con el síndrome patrilineal a sociedades post-síndrome no se logra únicamente a través de procesos macro de urbanización o progreso económico, como tampoco a través de políticas educativas o de cuotas en el ámbito político o laboral, sino a través de cambios en la estructura de la familia, el matrimonio y los derechos de propiedad. La eliminación de la poliginia, la prohibición del matrimonio de menores y la concesión de derechos de propiedad a las mujeres junto con el proceso de urbanización y la existencia de pensiones de jubilación (que hacen a los padres más independientes de los ingresos de sus hijos varones) permiten a una sociedad abandonar el síndrome patrilineal. 

La lectura de The First Political Order resulta apasionante e informativa. Con datos empíricos y fundamentos antropológicos, sociológicos, históricos y evolutivos, las investigadoras reconstruyen el proceso de formación del síndrome patrilineal que tiende a germinar en las sociedades tradicionales con consecuencias desastrosas para el bienestar y la organización social.




viernes, 1 de mayo de 2020

¿Pueden los rasgos culturales y la calidad institucional predecir el impacto de la pandemia de coronavirus?

¿Puede la respuesta social frente a una crisis pandémica como la originada por la infección de coronavirus estar determinada por la cultura y el funcionamiento institucional de un país? Esta es la hipótesis de un estudio reciente liderado por la profesora de psicología cultural Michele J. Gelfand* y titulado Cultural and Institutional Factors Predicting the Infection Rate and Mortality Likelihood of the COVID-19 Pandemic.


Gelfand es conocida por su investigación sobre una dimensión fundamental de las culturas nacionales: el grado de rigidez-flexibilidad. Esta dimensión de la cultura está relacionada con el grado de orden normativo de una cultura, determinado por el número de normas sociales explícitas que posee una cultura así como por el grado en que estas normas son implementadas, seguidas de forma estricta o no, por los individuos de esa cultura. La investigación de Gelfand y colaboradores ha mostrado que las culturas se distribuyen en un continuo de Rigidez-Laxitud. La rigidez máxima -propia de países como Pakistán o Singapur- implica que la cultura posee normas para muchos aspectos de la vida de las personas y que estas normas son implementadas de modo estricto. La laxitud máxima implica que la cultura posee pocas normas, que estas son poco claras y que son implementadas de un modo laxo.


IMAGE VIA AKINOKURE.BLOGSPOT.COM

Pues bien, según el estudio reciente de Gelfand y colaboradores, la cultura de un país, en interacción con factores institucionales como la eficacia gubernamental, podría explicar parte de los efectos sufridos por un país a raíz de la pandemia del coronavirus. Para analizar esta cuestión, los investigadores correlacionaron la tasa de infección y mortalidad causada por el coronavirus en diferentes países durante las últimas semanas con sus respectivas puntuaciones en el índice de rigidez-flexibilidad -medida a través de encuesta- y el índice de eficacia gubernamental -medida proporcionada por el Banco Mundial-.  


Fuente: World Bank. 

Los resultados del estudio muestran una pauta interesante: controlando por otros factores posibles -como la edad mediana del país o su renta per cápita-, los países con una alta eficacia gubernamental y una alta rigidez cultural tuvieron, de media, una menor infección y mortalidad por coronavirus que los países que combinan una baja eficacia gubernamental y una alta flexibilidad cultural. Es decir, se produjo un efecto de interacción entre la eficacia gubernamental y la cultura de un país en la respuesta a la pandemia. Por sí solos, ambos factores son capaces de explicar una parte pequeña de la respuesta ante la crisis. Pero, combinados, su poder explicativo aumenta. 


En el gráfico a continuación, los autores modelizan la expansión de la infección en función de la interacción entre eficacia gubernamental y cultura. La línea roja refiere a países con alta eficacia gubernamental y alta rigidez cultural. La línea azul muestra los países con baja eficacia gubernamental y alta laxitud: las infecciones aumentan exponencialmente.


Fuente: Gelfand et al (2020). Cultural and Institutional Factors Predicting the Infection Rate and Mortality Likelihood of the COVID-19 Pandemic

¿Qué mecanismos explican la asociación entre eficacia gubernamental, rigidez cultura e infección vírica? Una posible explicación es que una alta eficacia gubernamental combinada con un alto cumplimiento de las normas permite una mayor coordinación y cooperación entre gobierno, actores económicos, sociedad civil y población así como una aplicación más estricta de las medidas de salud pública necesarias. Ambos factores permiten que los gobiernos introduzcan y regulen y las comunidades implementen normas beneficiosas (por ejemplo, distanciamiento social, lavado de manos efectivo) y sean capaces de coordinar de modo efectivo la acción social (por ejemplo, distribución de kits de prueba y ventiladores).


Los datos del estudio son observacionales y las correlaciones estudiadas son ecológicas (con menos de 50 casos). Por lo que debemos considerar los resultados como tentativos. Aún así, constituye una evidencia muy interesante del posible papel de la eficacia institucional y la cultura en la respuestas sociales ante las crisis epidémicas. 


* Existe una versión en español del último libro de Michele Gelfand: Rígidos contra flexibles. Reglas de oro para un mundo sin normas.

domingo, 26 de abril de 2020

Ocho factores asociados a la felicidad de los países

La investigación sociológica y transcultural sobre la felicidad ha producido numerosos hallazgos interesantes. Iniciativas como el World Happiness Report, el World Database of Happiness o el Happiness Research Institute han logrado identificar los factores sociales y poblacionales que están asociados a mayores niveles de satisfacción vital, sentido y emocionalidad positiva en una población dada. Las sociedades que tienen una puntuación más alta en estos factores tienden a tener una población con niveles de felicidad medios más elevados. 

Los estudios psicológicos, sociológicos y transculturales sobre la felicidad han adoptado diferentes formas de conceptualizar y medir la felicidad o el bienestar subjetivo. Son decenas las formas de medida sociológica de la felicidad. Una de las más aceptadas es la desarrollada por la OCDE en su informe OECD Guidelines on Measuring Subjective Well-being. Esta conceptualización de la felicidad distingue tres dimensiones: satisfacción vital, afecto o emocionalidad positiva y sentido vital. 

¿Cuáles son los factores poblacionales influyentes en la felicidad? Veamos dos modelos que han sido divulgados recientemente:

El último informe del World Happiness Report considera siete factores asociados a la felicidad poblacional: PIB per cápita, apoyo social, expectativa de vida saludable, libertad para tomar decisiones, generosidad y ausencia de corrupción*.  Los países más ricos, con mejor salud, en los que las personas cuentan con amigos y apoyo, en los que los individuos sienten que tienen la capacidad para tomar decisiones libremente, para dedicarse al trabajo que les hace feliz, en los que la población es más generosa y dona más dinero a distintas causas y en los que se percibe que hay poca corrupción administrativa y política tienen ciudadanos con mayor satisfacción vital.





El estudio patrocinado por The blue Zones of Happiness considera seis factores universalmente asociados con la felicidad (PIB per cápita, expectativa de vida saludable, generosidad, tolerancia, confianza social) y 20 factores asociados con las tres vías a la felicidad (igualdad de estatus, trabajos interesantes, humildad, diversión, seguridad, servicios para ancianos, expectativas, círculo social, humor, poca urgencia temporal, fe, bajo materialismo, orden, igualdad racial, propiedad de la vivienda, supervisión benevolente)





Una síntesis de los dos estudios produciría estos ocho factores esenciales para la felicidad social: 

  • PIB per cápita
  • Esperanza de vida saludable
  • Apoyo social
  • Libertad para tomar decisiones
  • Generosidad 
  • Ausencia de corrupción 
  • Tolerancia
  • Confianza social 


Una última cuestión relevante: la distribución de la satisfacción vital dentro de cada país es diferente. Es decir, en ciertos países, la distribución es más simétrica que en otros (los individuos son más parecidos entre sí), lo que indica diferencias internas interesantes. 



  1. GDP per capita
     – Country income divided by population
  2. Social support
     – Having someone to count on when in need
  3. Healthy life expectancy
     – Expected years of life in good health
  4. Freedom to make life choices
     – Liberty to choose what to do in life
  5. Generosity
     – Giving back to charities
  6. Perceptions of corruption
     – Same as Corruption Perceptions Index (CPI), a lower score means a very high corruption.