Por qué nos cuesta entender el mercado (y no es por falta de inteligencia)
Imagina esta escena: un antropólogo ofrece a dos personas de una tribu del Amazonas repartirse cien dólares. Una de ellas hace la propuesta; la otra puede aceptarla o rechazarla. Si rechaza, ambas se quedan sin nada. La lógica económica diría: acepta cualquier cantidad. Diez dólares son mejor que cero. Pero los humanos —de todas las culturas estudiadas, desde ejecutivos de Wall Street hasta pastores nómadas de Mongolia— rechazan sistemáticamente ofertas por debajo del 30%. Preferimos castigar la "injusticia" aunque nos cueste dinero. Este experimento, conocido como el juego del ultimátum, revela algo profundo: nuestras intuiciones morales no fueron diseñadas para maximizar ganancias materiales, sino para navegar la vida social en grupos pequeños donde la reputación lo era todo. Y aquí está el problema: esas mismas intuiciones que nos hacen cooperadores fiables y detectores de tramposos en nuestra tribu nos nublan la visión cuando intentamos comprender cómo funciona una econo...



