sábado, 12 de febrero de 2011

¿Sonreír o morir?

Por lo visto hay un refrán chino que dice "la persona que no sabe sonreír no debería abrir una tienda". Quizá esté ahí el éxito de los comercios chinos. Quien sabe. En cualquier caso, sonreír parece ser uno de los gestos más efectivos y rápidos para incrementar tu satisfacción con el mundo que te rodea. Lo estudiaron un par psicólogos hace unos años. Si cuando nos encontramos alegres tendemos a sonreír, lo mismo sucede al contrario: Si sonreímos durante unos segundos tendemos a estar más contentos. De ahí que Wiseman, el autor de 59 segundos, anime a sonreír un poco más todos los días, aunque sea poniéndose un lápiz entre los dientes.

Pero parece que los beneficios de la sonrisa no acaban ahí. Según otros estudios, la gente que sonríe es considerada más amigable y atractiva. La sonrisa facilita las interacciones sociales. De modo que las personas que sonríen más a menudo generan a su alrededor reacciones más positivas y amigables. Nuestra respuesta a una sonrisa suele ser una sonrisa. Así que el acto de sonreír puede ser contagioso, extendiéndose por nuestra red social.

Y en esto andaba pensando cuando ha caído en mis manos la obra Sonríe o muere de Barbara Ehrenreich. Parece que nos chafa el argumento de la sonrisa. Es una obra de crítica social, no sobre las relaciones entre mente, cerebro y felicidad. La autora critica el "culto al pensamiento positivo", es decir, el considerar que todo se resuelve pensando en positivo o sonriendo. Diría que tiene razón en parte. Es cierto, difícilmente podemos solucionar el hambre en el mundo o la crisis financiera con un pensamiento optimista. Pero, ¿qué culpa tiene la psicología positiva de estos problemas? Creo que la autora nos quiere prevenir de cierta ideología, y del pensamiento ingenuo. Pero, ¿elimina eso las virtudes de una sonrisa?

El caso es que quizá no nos quede otra que intentar sonreír. Leo en el El cerebro de Buda, tan bien editada por los amigos de Milrazones, que nuestro cerebro tiende a fijarse en las malas noticias. Parece que eso nos permitió sobrevivir en la selva primitiva. Nuestra mente da prioridad a recordar y buscar experiencias desagradables. Es el sesgo de la negatividad. Recuerdo que un amigo usó este argumento con su novia, que había leído algunos mensajes comprometedores en su correo electrónico. No le funcionó. Pero el argumento era bueno. Quizá no nos queda más remedio que sonreír para contrarrestar estas tendencias negativas de nuestra naturaleza.

Así que, ¿con qué nos quedamos? Creo sinceramente que hay que sonreír un poco más. Incorporar unas pequeñas sonrisas en tu rutina diaria solo puede tener beneficios. Siempre, claro, que no seamos demasiado ingenuos.

El autor de este blog no tiene ninguna vinculación comercial con fabricantes de dentífricos ni blanqueadores dentales.